miércoles, 8 de febrero de 2017

PUNTAL DE JUNTILLAS (3.143 m.) ; un desacierto tras otro.

   Nos contaron que el todoterreno patinó sobre una placa de hielo.... que de culo, resbaló sin control cuesta abajo por el carril.... que por suerte no se deslizó hacia el terraplén.... que paró escorado sobre la cuneta.... que fue en un segundo.... que pasaron miedo.... que bajaron del coche.... que cogieron sus bártulos para continuar andando en la fría noche.... que el chófer, no se sabe como, pudo darle la vuelta al largo y viejo Nissan Patrol en los tres metros de anchura del camino, y que se fue echando leches.
   Nosotros mientras tanto, ajenos al "episodio" que ellos estaban viviendo, esperábamos inquietos en la entrada del refugio del Postero Alto, con la vista puesta en el camino blanco por donde tendrían que llegar, y de paso, inevitablemente, en el espectacular cielo cargado de estrellas. Suerte que había cobertura en los móviles y pudimos comunicarnos para nuestra relativa tranquilidad.
   Poco antes, sobre las 8:00 de la tarde, los nueve "elementos" que nos apuntamos para hacer esta ruta de alta montaña invernal en el Parque Nacional de Sierra Nevada, habíamos llegado a Jérez del Marquesado (Granada) y nos habíamos subido, con nuestras mochilas, en dos todoterrenos.
  Los conductores nos habían advertido, que debido a la nieve caída el día antes, los coches, probablemente, no podrían llegar hasta el refugio, ya que a esa hora de la noche, en algunas zonas, se formaban placas de hielo. Y así fue, uno llego y el otro dio la vuelta en el kilómetro 11 de los 13 que separan, por caminos forestales, el refugio de Mecina Xeriz (Ciudad de la Seda), nombre con el que se conocía a Jérez del Marquesado en tiempos de los árabes.



   Todos  a salvo en el refugio, fuimos a identificarnos, comprobando que no teníamos reserva. Menos mal que no estaba lleno, si no, la cosa se hubiera vuelto a complicar. El guarda nos llevó a una de las 7 habitaciones que componen este queso gruyere, de piedra, que en la noche cerrada, me pareció el refugio. En la entrada una alfombrilla de hielo y nieve nos dio la bienvenida, y es que, las habitaciones están separadas entre sí, y el edificio principal, por estrechos pasillos al descubierto; todo un acierto para pasar el invierno a 1.980 m. de altitud. En la habitación había 8 literas, y estaba fría como un témpano. El guarda puso en funcionamiento la calefacción y trajo un colchón para que alguien durmiera en el suelo mojado y frío (otro acierto). Dejamos nuestras pertenecias y nos fuimos a comer la cena que habíamos traído de casa. Los guardas nos metieron prisas y lo hicimos raudo y veloz. Cuando terminamos, el círculo de asientos, que rodea la chimenea  del salón, estaba abarrotado, de modo que decidimos irnos a la cama sin pasar un rato de charla, alrededor de la candela.
   La noche fue tranquila pese al miedo que Juanma nos había metido en el cuerpo, pues en la habitación no había ni un triste enchufe donde conectar su CPAP (Presión Positiva Continua en la Vía Aéreas) y sus ronquidos "prometían", pero no fue así, y los prometidos ronquidos brillaron por su ausencia. Tan sólo, las múltiples salidas obligadas al baño, que estaba en el exterior (otro acierto del constructor) y el aprovisionamiento de mantas (la calefacción, no sabemos por qué, dejo de calentar a media noche) desvelaron nuestro reparador descanso.

Los pasillos del refugio.
En la cena, de dech. a izq.: Juan Carlos, Pedro, Juanma, Ana, Juanlu, Lina, Ramón, Sergio y un servidor.
La habitación.

   Nos levantamos a las 6:30 de la mañana y nos fuimos a desayunar. En esta ocasión nos cobramos el tiempo que no tuvimos en la cena.
   A base de café y leche caliente, cacao, rebanadas de pan tostado cuadradas y extraplana, bollos de leche, magdalenas, palmeritas, cereales, mermelada de melocotón, sobrasada, paté ibérico y mantequilla, colmamos nuestro apetito durante 45 minutos. No le pusimos límites a la charla, y tampoco al sustento.
  Cuando salimos del refugio eran las ocho. El día estaba despuntando y pudimos ver el impresionante paisaje nevado que nos rodeaba. Bajo un cielo despejado, corría una leve brisa y el Picón de Jérez gobernaba el entorno bajo su imponente figura. El "cóctel molotov" estaba servido; tres corredores por montaña (Lina, Ramón y Sergio), un andarín profesional (Juan Carlos), un asiduo a las travesias de resistencia (Juanma), un técnico deportivo superior que ha conocido mejores tiempos (Juanlu), una alumna aventajada (Ana) y dos abuelos (Pedro y yo), nos hicimos la foto de grupo y comenzamos a subir por un ancho cortafuego flanqueado por un bosque de pino de repoblación.

Foto del grupo, con el barranco del Arroyo del Alhorí y el picón de Jérez al fondo. 
       
   El cortafuego coincide con la Cañada Real de Trevélez y al final del bosque, la nieve en polvo había cubierto el camino. Algunos nos calzamos las raquetas de nieve para seguir avanzando con más facilidad. Vamos buscando la Piedra de los Ladrones sin señales claras, cada uno va por donde mejor le parece y el cóctel empieza a bullir. Los tres corredores de montaña y el andarín profesional ponen de manifiesto su buena condición física y toman la delantera, poco a poco se van desviando a la izquierda y desviándonos a los demás. La subida es dificultosa por la diversidad del estado de la nieve; muy blanda en algunas zonas, y helada con la superficie desigual, donde el viento se había llevado la nieve en polvo, la prueba de esa dificultad, es que llegamos a la unión de las dos vertientes cinco horas y media después de haber salido, con tan sólo, 7 km. recorridos.

Las vistas se ampliaban a medida que subíamos.
La nieve virgen y el acusado desnivel, hacían bastante dura la subida.

   En la cuerda divisoria de vertientes, paramos para reagruparnos y comprobar nuestro pequeño alejamiento del Puntal de Juntillas. El paisaje, a esta altura, es grandioso.  En el horizonte, La Alcazaba, El Mulhacén y El Veleta aparecían bajo una perpectiva distinta y la conversación giró en torno a ellos. Corregimos nuestro rumbo y fuimos en linea recta al puntal que teníamos a nuestra derecha.

Parada técnica.


   En el Puntal de Juntillas hacia un viento que pelaba, un viento frío que dificultó bastante el permanecer quietos para hacer la "foto cumbre", y para mantener la cámara sin que se tumbara. El Picón de Jérez estaba, a tan solo, un kilómetro. Nubes negras se acercaban desde el suroeste. Habíamos tardado demasiado en llegar y la vuelta era larga. La decisión la tomó Juanlu con la aprobación de todos; subir al Picón de la Seda (Xeriz) no había ido como la seda. Quedaría para mejor ocasión. Media vuelta y botas a la nieve........ ¿Cúando comemos?

La foto costo trabajo, pero salió.

   A pesar de que el viento aumentó, la bajada se hizo fácil y divertida, menos para Juanma, porque los crampones se les soltaban cada tres por cuatro.
   Difícil estaba encontrar un lugar protegido del aire, la única piedra que podía resguardarnos, la de los ladrones, nos la dejamos atrás con las prisas..... ¿Cúando comemos?

Bajar por la nieve fue una gozada.


   ¡Ahora! Ahora comemos.
   Eran las 3:30 p.m. y bajo un cielo de película, aprovechando un momento en el que el aire se calmó, nos sentamos donde pudimos, y repusimos fuerzas con la vista puesta en Jérez del Marquesado y la mente en los conductores que nos subieron al refugio.

Los caprichos del cielo.

A comer se ha dicho.

Qué ganas tenía.......

Juanlu parece estar diciendo: ¡Ay Dios mio!.....y lo estaba diciendo.

   Con la gasolina en el cuerpo todo va de distinta manera, tal es así, que por primera vez vimos al jefe de la expedición en cabeza. Bajamos por donde subimos. Pasamos por la puerta del refugio, ya cerrado (los domingos cierra a la 17:00 h.), y enlazamos con el sendero sañalizado PR-A31 que coincide con la Cañada Real de Trevélez.

¡Hasta la próxima!

Por la Loma de Enmedio.    
   
   En los seis kilómetros del sendero hasta el pueblo, vamos acompañando al Arroyo Alcázar. A pesar de que el camino es muy entretenido y es bajando, a todos se nos hizo un poco pesado, especialmente, a los que llevaban once horas andando con botas rígidas.

La Casilla de Morales pertenecía a una antigua central hidroeléctrica.

   Por fin llegamos al pueblo, ahora sólo nos quedaba cruzarlo de cabo a rabo. Lo que viene siendo más de un kilómetro. Los coches estaban junto a un Sagrado Corazón, a la entrada del pueblo. Para la próxima ya lo sabemos; hay que dejarlo, más cerquita, que venimos cansados.

Pasamos hasta por la puerta del Ayuntamiento en la Plaza del Molino.


Y aquí termina nuestro fin de semana de alta montaña, donde:
No llegamos todos al refugio en coche,
teníamos pensado subir al picón y nos quedamos en el puntal,
pensábamos hacer 16 km. y contabilizamos 22, 
porque; 
nosotoros proponemos, y la montaña impone sus condiciones,
 a lo que debemos obedecer humildemente,casi, sin rechistar.
Pero a pesar de todo, lo pasamos de maravilla,
porque;
hacemos lo que nos gusta,
y por supuesto,
 ya estamos deseando volver y llegar a ese:
"Picón de la Seda"

Fin






   

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